#Apreciaciones: La ciudad y los perros – Mario Vargas Llosa

América Latina es tierra madre del realismo mágico, del drama, de historias salvajes de dolor y triunfo y de grandes escritores. Entre los años sesentas y setentas, un fenómeno político, cultural y literario conocido como el Boom Latinoamericano sacudió al mundo. Una nueva dinastía de escritores jóvenes, sufridos, golpeados y ansiosos, se preparaba para mostrar al mundo las verdades de un continente con identidad en proceso de construcción, azotado por la violencia y sediento de paz.

Uno de los mayores exponentes de ese Boom fue el escritor peruano Mario Vargas Llosa, ganador del Nobel de Literatura en 2010. Llosa cursó el tercero y cuarto grado de sus estudios de secundaria en el Colegio Militar Leoncio Prado. En 1963, publica su primera novela La ciudad y los perros, basada en su propia experiencia en ese Colegio.

La ciudad y los perros resume las vivencias de varios cadetes del Colegio Militar Leoncio Prado, los abusos de los que eran parte, así como del autoritarismo perpetuo; enfocado en la violencia más que en el aprendizaje. Vargas Llosa dibujó por medio de historias muy bien construidas; las barbaries que los jóvenes realizaban, muchas veces como resultado directo del maltrato del que eran víctimas, de su necesidad de validación, del encierro, de los castigos descomedidos y su tristeza.

 

Soñaba toda la semana con la salida, pero apenas entraba a su casa se sentía irritado: la abrumadora obsequiosidad de su madre era tan mortificante como el encierro…

 

Esta novela abarca una paleta temática muy variada, desde la zoofilia, la prostitución, la delincuencia, la muerte, el machismo, la infidelidad, la soledad, la violencia doméstica, la frustración, la decepción, hasta la crítica al ejército, a sus prácticas, sus principios y su moral cuestionable. El relato resulta especialmente atractivo, porque, aunque nos cuenta la vida de un grupo de adolescentes, vincula simultáneamente temáticas que impactan a las personas adultas en un entorno familiar, social y hasta espiritual.

 

Pero no olvide tampoco que lo primero que se aprende en el Ejército es a ser hombres. Los hombres fuman, se emborrachan, tiran contra, culean. Los cadetes saben que, si son descubiertos, se les expulsa. Ya han salido varios. Para hacerse hombre hay que correr riesgo, hay que ser audaz. Eso es el Ejército, Gamboa, no sólo la disciplina

 

La novela utiliza el Flash Back durante el desarrollo de la trama, es imposible no quedar atrapado entre la fascinación de la historia en desarrollo y las circunstancias pasadas, que, en algunos casos consumaron la reclusión de esos jóvenes en el Leoncio Prado.

La ciudad y los perros es una crítica muy bien fraguada al sistema político peruano de los sesentas, al rol ausente de las familias en la construcción de valores y principios, a las estructuras jerárquicas que utilizan la violencia como método de enseñanza y a la soledad inmersa en la mente de las víctimas de maltrato y burlas.

 

¿Usted es un perro o un ser humano? -preguntó la voz. -Un perro, mi cadete. -Entonces, ¿Qué hace de pie? Los perros andan a cuatro patas. Él se inclinó, al asentar las manos en el suelo, surgió el ardor en los brazos, muy intenso. Sus ojos descubrieron junto a él a otro muchacho, también a gatas. -Bueno -dijo la voz-. Cuando dos perros se encuentran en la calle, ¿Qué hacen? Responda, cadete. A usted le hablo. El Esclavo recibió un puntapié en el trasero y al instante contestó: -No sé, mi cadete. -Pelean -dijo la voz-. Ladran y se lanzan uno encima de otro. Y se muerden. El Esclavo no recuerda la cara del muchacho que fue bautizado con él. Debía ser de una de las últimas secciones, porque era pequeño. Estaba con el rostro desfigurado por el miedo y, apenas calló la voz, se vino contra él, ladrando y echando espuma por la boca y de pronto el Esclavo sintió en el hombro un mordisco de perro rabioso y entonces todo su cuerpo reaccionó y mientras ladraba y mordía, tenía la certeza de que su piel se había cubierto de una pelambre dura, que su boca era un hocico puntiagudo y que, sobre su lomo, su cola chasqueaba como un látigo…

 

El nombre del libro resume las bondades de vivir en una ciudad urbana, los escapes que proporciona y la libertad y soledad que simultáneamente representa, así como la discriminación en los sistemas jerarquizados.

Lectura recomendada 10/10.

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