#Apreciaciones: 1984 – George Orwell

En 1949, George Orwell publicó 1984. Una novela desafiante para su época y extrañamente inquietante para la nuestra. En ella, se describe un mundo carente de privacidad, de palabras castradas y donde la individualidad es apenas un vago recuerdo.

En mis apreciaciones evito los detalles del libro, pero en 1984 son la esencia de la historia. La novela describe un mundo dividido en tres grandes potencias; Oceanía, Eurasia y Estasia. El protagonista Winston Smith se encuentra en la primera, que comprende: América, Oceanía, Imperio e Islas Británicas, Islas del Atlántico y el sur de África. Oceanía es controlada por el partido SocIng (abreviatura de Socialismo Inglés) que somete a sus habitantes por medio de cuatro ministerios; Amor, Paz, Abundancia y Verdad.

Los nombres de los ministerios apresaron mi atención al instante. Es común que las fuerzas políticas vinculen sus campañas a conceptos arraigados en el corazón y la mente de los votantes, han descubierto que manipularlos es muy sencillo si los aproximan a sus creencias. Una vez en el poder, los políticos elegidos no necesitan mantener su discurso y ajustan sus estrategias para el beneficio único de su partido. Así sucede en 1984, el ministerio del Amor se encarga de administrar los castigos y la tortura, el de la Paz dirige los procesos de guerra y su perpetuidad, el de la Abundancia planifica el racionamiento de tal forma que nadie reciba más de lo mínimo, por último, el ministerio de la Verdad destruye todo documento, recuerdo o prueba del pasado. La historia es únicamente aquella que el partido apruebe y de la que posee poder absoluto para modificarla cuando sea requerido.

La guerra es paz

La libertad es esclavitud

La ignorancia es poder

Los dislocados lemas del partido aplican el Doblepensar (la facultad de sostener dos opiniones contradictorias simultáneamente). En NeoLengua (idioma oficial de SocIng) las palabras eran cortas, carentes de rasgos etimológicos, sin alma. Las personas necesitamos las palabras para definir nuestras emociones y éstas para filtrar nuestros pensamientos. En un mundo de palabras planas, nuestro actuar sería transgredido, seríamos esclavos inexpresivos:

Parsons y Winston eran compañeros de cubículo en el Ministerio de la Verdad. Se trataba de un hombre regordete y activo, con una estupidez que sorprendía: una masa de entusiasmo y estupidez, esto era, un idiota de esos tan indispensables para la estabilidad del Partido, más que la mismísima policía del pensamiento.

Me pasma la similitud entre el 1984 de Orwell y el 2019 nuestro. Tenemos demasiados Parsons estúpidos, pero no idiotas en posiciones de poder, desde donde fraccionan un ambiente social, ya de por sí fraccionado. Su mensaje de amor, paz, abundancia y verdad, es sin duda una manifestación moderna del Doblepensar.

En Oceanía cada conversación, movimiento y gesto era registrado por una Telepantalla, por medio de ésta; el Gran Hermano (máximo representante de los ideales del partido) escuchaba hasta la más débil exhalación y sentenciaba a todo aquel que desacatara sus compendios.

Sacó de su bolsillo una moneda de veinticinco centavos. También en ella, en letras pequeñas, pero muy claras, aparecían las mismas frases y, en el reverso de la moneda, la cabeza del Gran Hermano. Los ojos de éste le perseguían a uno hasta desde las monedas. Sí, en las monedas, en los sellos de correo, en pancartas, en las envolturas de los paquetes de los cigarrillos, en las portadas de los libros, en todas partes. Siempre los ojos que os contemplaban y la voz que os envolvía. Despiertos o dormidos, trabajando o comiendo, en casa o en la calle, en el baño o en la cama, no había escape. Nada era del individuo a no ser unos cuantos centímetros cúbicos dentro de su cráneo.

Ese mundo orwelliano sin secretos es cercano al nuestro. El acceso a la información es cada vez más sencillo, la historia y la realidad pueden confundirse y alterarse. Las Fakenews han logrado generar conflictos sociales y viralizar historias.

Cambiar la mentalidad de las personas para cambiar el mundo: eso hizo SocIng. Programaron las mentes de las personas en un estado de caos eterno, en el cual la guerra (y por ende la sumisión al partido) debía ser perenne:

Por tanto, desde el punto de vista de nuestros actuales gobernantes, los únicos peligros auténticos son la aparición de un nuevo grupo de personas muy capacitadas y ávidas de poder o el crecimiento del espíritu liberal y del escepticismo en las propias filas gubernamentales. O sea, todo se reduce a un problema de educación, a moldear continuamente la mentalidad del grupo dirigente y del que se halla inmediatamente debajo de él. En cambio, la consciencia de las masas sólo ha de ser influida de un modo negativo.

1984 es un libro profundamente político, refleja el rechazo de su autor a los modelos de poder centralizados, la represión, la guerra y el adormecimiento de la conciencia colectiva ante el actuar violento de sus gobernantes. El final es inesperado, tal vez confuso, pero claramente esperanzador.

 

Lectura recomendada 10/10.

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