Visita al Sanatorio Durán

El 17 de abril de 2016 con muchas ansias visité el Sanatorio Durán en Cartago, estaba seguro que experimentaría algo sobrenatural o que alguna persona se desmayaría al sentir un toque del más allá.

Ese día; juré que marcaría un antes y un después en mi vida, pues todas las historias que había escuchado me hicieron creer que en realidad cosas extrañas e inexplicables sucedían dentro de esas viejas paredes.

Para los que no saben nada a cerca del Sanatorio Durán les contaré:

El Sanatorio Durán fue creado en 1918 para albergar y tratar a pacientes que padecían de tuberculosis, también conocida como la peste blanca. En el año 1963 las instalaciones fueron desocupadas, ya que la peste prácticamente había sido erradicada y los casos aislados podían ser tratados en otros centros médicos. A este ruinoso inmueble se le han atribuido diversas leyendas urbanas sobre actividad paranormal;

  • En su época como hospital, más de un interno llegó a decir que en las noches se presentaba una monja fantasma a curar al enfermo de la cama continua.
  • Otra leyenda habla de que por el Sanatorio se empezó a correr el rumor que por las noches frías y oscuras, en medio de los quejidos de los enfermos, se aparecían por los pasillos dos religiosas fantasmas, quienes llegaban a cuidar y dar alivio a los hospitalizados.
  • Varias personas han relatado que dentro del antiguo Sanatorio se sienten brisas muy frías además de la aparición del fantasma de una monja y una niña.
  • Hoy en día la gente cuenta que ha escuchado a las monjas en el último piso del Sanatorio. Además, dicen haber visto dos figuras, como sombras de pie al lado de las gradas, o en uno de los pequeños cuartos que están ahí.

Historias como las anteriores me entusiasmaban, pues soy de los que piensan que los hechos paranormales muchas veces se quedan en las películas y casi nunca se trasladan a la realidad.

Mi reacción más que de miedo fue de decepción. Al llegar al lugar tipo 10:30 am habían cientos de personas, carajillos gritando por doquier, mamás con bolsas y trastes llenos de comida, perros, gatos y hasta chanchos corriendo por los zacatales.

La bulla era tanta que de seguro los espíritus se aguevaron y se fueron en busca de un espacio más tranquilo en el bosque.

Basura en todos los pasillos; me imagino a la monja fantasma resbalando sobre un paquete de picaritas; ahí de seguro que se escucharían sus lamentos.

Pero lo que más me decepcionó fue encontrar todas las paredes inundadas de rayas, garabatos sin sentido, nombres con pésima caligrafía y frases que desafían todas las normas de ortografía. Fue muy molesto no poder imaginar el sufrimiento que vivieron muchos enfermos, pues en cada lado que miraba solo veía marcas que me traían a la realidad; personas insensibles e irrespetuosas que se escudan en su ignorancia y malacrianza para deplorar los recuerdos de dolor, entrega y amor al prójimo vividos dentro de esas paredes de madera podrida y maloliente.

Al final salí espantado; pero por la clase de sociedad que somos, de verdad que los ticos no tenemos remedio.

Créditos imagen principal: http://www.cartagohoy.com

Un Loco.

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